Backups: cómo saber si el tuyo realmente funciona
Casi todas las empresas nos dicen que tienen backup. Muy pocas probaron restaurarlo. Y un backup que nunca se restauró no es un backup: es una intención. Acá va cómo comprobarlo en una tarde.
El día que una empresa descubre que su backup no servía es siempre el peor día posible. No hay margen para investigar, no hay tiempo para pedir presupuestos y no hay plan B. Por eso el backup es la única parte de tu infraestructura que conviene probar antes de necesitarla.
La buena noticia es que verificarlo no requiere ser técnico. Requiere hacer cuatro preguntas y una prueba.
Las cuatro preguntas
¿Dónde está la copia, físicamente?
Si la respuesta es «en un disco externo que está al lado del servidor», no tenés backup: tenés dos copias en el mismo lugar. Un robo, un incendio o una inundación se llevan las dos. La regla clásica sigue vigente: tres copias, en dos medios distintos, una de ellas fuera del edificio.
¿De cuándo es la última copia buena?
No «cada cuánto corre el backup» —eso te lo dice cualquier configuración. La pregunta es cuánta información estás dispuesto a perder. Si el backup es semanal, estás aceptando perder hasta seis días de trabajo. Para algunas empresas eso es razonable; para una que factura todos los días, es inviable.
¿Quién se enteraría si dejara de funcionar?
Este es el punto que más veces encontramos roto. El backup venía corriendo bien y un día falló en silencio: se llenó el disco, cambió una contraseña, se rompió una carpeta compartida. Nadie recibió un aviso porque nunca se configuró uno. Meses después, la última copia útil tenía medio año.
Un backup sin monitoreo tiene fecha de vencimiento y no te avisa cuándo.
¿Un atacante podría borrarlo también?
El ransomware moderno busca los backups primero. Si tu copia está en una carpeta de red a la que el servidor accede con permisos de escritura, se cifra junto con todo lo demás. Por eso importa que al menos una copia sea inmutable o esté desconectada: algo que el sistema pueda escribir pero no borrar.
Nadie quiere un backup. Lo que todos quieren es una restauración. Son dos cosas distintas y solo una se puede comprobar.
La prueba: restaurar de verdad
Elegí un archivo importante —una base de datos, la carpeta de facturación, el sistema entero si podés— y restauralo en un lugar aparte, sin tocar el original. Después abrilo y revisá tres cosas: que abra sin errores, que los datos lleguen hasta la fecha que esperabas y cuánto tiempo te llevó todo el proceso.
Ese último número es el más valioso y el que casi nadie conoce. Es la respuesta real a «¿cuánto tarda la empresa en volver a operar?». Si tarda ocho horas y vos creías que era una, ya sabés qué hay que cambiar.
Hacé esta prueba dos veces al año y anotá el resultado. Es la diferencia entre creer que estás cubierto y saberlo.
Un mínimo razonable para una PyME
No hace falta una arquitectura compleja ni un presupuesto grande. Con una copia automática diaria, una copia fuera del edificio, un aviso por mail cuando algo falla y una prueba de restauración cada seis meses, la mayoría de las PyMEs pasan de estar expuestas a estar razonablemente tranquilas. Es poco trabajo y se hace una sola vez.
Lo caro nunca es el backup. Lo caro es el día que hacía falta y no estaba.
¿Querés saber si tu backup aguanta una restauración?
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